El jardín de la Muerte: Una alegoría a la vida



El Jardín de la Muerte es una de esas joyas del arte que muy pocas personas conocen. A menos que seas o un filandés o mi amigo Luka, dudo mucho que hayas visto o escuchado hablar de esta obra antes. Mostrándonos a la muerte como algo simpático e incluso positivo, midiendo 17 x 16 cm, esta pequeña pintura nos desconcierta, fascina e inspira al mismo tiempo, dejando un gran impacto en todos aquellos que la ven.

Pintada por Hugo Gerhard Simberg (1873-1917) con técnica de acuarela y gouache en 1896. El gouache es una pintura al agua, opaca, hecha con pigmento molido menos fino que el empleado para las acuarelas transparentes. Las acuarelas no suelen ser una técnica que se use a gran escala, razón por la cual la mayoría de sus trabajos son de dimensiones pequeñas.

A los 18 años años se sumergió en el mundo de las artes y a los 23 terminó siendo alumno del gran pintor filandés de la época: Akseli gallen-kallela, de quién adoptó la corriente que usaría de por vida, el simbolismo. Dedicó su pintura a las grandes e inacabables cuestiones existenciales que preocupaban a todos los simbolistas, abundando los temas de la vida, la muerte y la naturaleza.

En sus pintura hay dos personajes recurrentes, el "pobre diablo", y la muerte personificada, haciendo siempre énfasis en los temas macabros y/o sobrenaturales. Inspirado en el arte popular y las creencias de folclore. El motivo principal de su arte se convirtió en lo que normalmente es invisible a nuestros ojos. Solía pintar ángeles, al diablo, la muerte, pero también a personas relacionarse con estos.

En sus obras hay una constante preocupación por el vínculo del ser humano con la naturaleza, consigo mismo, con elementos sobrenaturales y, especialmente, con la muerte. Se suele ver en él ciertas características macabras, pero lo esencial es su forma de relacionarse con el tema de la angustia frente a lo desconocido. Él veía a la muerte como algo natural.

Y quizás sea esto mismo lo que es tan fascinante en el Jardín de la Muerte. La interesante composición de la pintura, de esqueletos, símbolos del horror y la muerte, y flores, símbolos de la tranquilidad y la vida, puede confundir al espectador. Podemos observas a las figuras esqueléticas cuidar de sus extrañas plantas con una ternura tan primorosa como insospechada. Aunque Simberg rara vez explicaba gran parte de sus pinturas, dejó una nota en un esbozo en la cual llamó al jardín "Un lugar donde acaban los muertos antes de ir al paraíso." 

Según esta interpretación, la muerte es suave, es la culminación natural de la vida humana en la tierra, y la visión tradicional de un "parca" se yuxtapone con un jardinero que cosecha sus cosechas en un estilo completamente diferente. Las flores representan las almas de las personas, los esqueletos son ayudas para la muerte y el Jardín de la Muerte es una especie de purgatorio para las almas que esperan la entrada al cielo.

Como muchas de las pinturas del filandés, la escena representada es lúgubre y de otro mundo. Simberg decía querer pintar todo aquello que conmueve al alma. Sus pinturas plantean preguntas acerca de la vida y la muerte, y poseen un fino sentido del humor. Paradójicamente, las calaveras de la obra cuidan un jardín. Los jardines son conocidos tradicionalmente como un símbolo de renacimiento o renovación. Dato que de seguro no dejó al azar.

En el Jardín de la Muerte, la muerte se enriqueció con el elemento del bien, la ternura, el cariño e incluso la empatía. Los esqueletos de la pintura se inclinan sobre las plantas, las riegan, las trasplantan, las tocan con delicadeza y amor. Las formas de la muerte no despiertan miedo en nosotros. Tal vez el artista estaba tratando de decir que la muerte no es necesariamente un enemigo. Quizás pueda ser un amigo, y por lo tanto no hay porqué tener miedo… O quizás Simberg esté cargando la escena de humor negro, ¿Quién sabe?

El jardín de la muerte fue uno de los temas favoritos del filandés y realizó varias versiones del mismo utilizando distintas técnicas.​ Entre las más conocidas se encuentra una versión de mayor tamaño en la Catedral de Tampere, Finlandia, pintado a modo de fresco entre 1905 y 1906. Convirtiéndose así en uno de los simbolistas finlandeses más conocidos y célebres.

Versión de la obra en fresco, Catedral de Tampere, Finlandia

No hace falta decir, por tanto, qué efecto ha tenido la obra de Hugo Simberg en el arte finlandés. La vida y obra de este artista, que murió hace casi cien años, sigue inspirando a cientos de amantes del arte en toda Finlandia, pero también fuera de ella. Gracias a su exposición conmemorativa en 1918, la importancia de Simberg fue reconocida universalmente. Su trabajo se ha presentado en numerosas exposiciones en galerías y museos importates. Desde entonces, él y su arte han fascinado a cada nueva generación de espectadores. Bien dicen que el arte, al permitir la plasmación de la fantasía, se pone al servicio de la vida.

De este lado del mundo se conoce muy poco respecto a la vida de Hugo Simberg y de sus obras, así como en Finlandia apenas y saben de Frida Kahlo. Sin embargo, encontré una página en italiano que narra cosas interesantes sobre la vida del filandés, les recomiendo leer el artículo mediante el autotraductor de Google. Y si quieren también pueden darse una vuelta por otras de sus obras, la más famosa es el ángel caído, muy bella por cierto.


Para saber más:

> Otras obras de Simberg 

> Vida y carrera del autor: (traducir con el autotraductor de google)

Comentarios

  1. Tremenda obra. Es increíble conocer las distintas corrientes y como son diferentes dependiendo la cultura de la que proviene. Personalmente yo le veo un gran humor negro muy bárbaro y me encanta.

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